El escritor francés Maurice Renard (1875-1939) escribió su novela más conocida, Las manos de Orlac, mientras Robert Wiene filmaba El gabinete del doctor Caligari. Tres años después Sigmund Freud publicaba El yo y el ellomientras Louis Nerz preparaba el guión para la adaptación cinematográfica de la novela de Renard. La proximidad de estas obras no es casual y revela el esfuerzo del arte, y de la ciencia, en adentrarse en las profundidades del inconsciente humano.

Producida en Viena, la cuna del psicoanálisis, Las manos de Orlac nos plantea el conflicto freudiano entre elello, representado por las manos de Paul Orlac, y el superego, simbolizado en la conciencia del reconocido pianista. También encontramos otras referencias freudianas como la figura represora y dominadora del padre, los lapsus, los actos fallidos y los sueños. Orlac desciende a los infiernos, en la búsqueda de su “yo”,intentando resolver ese doloroso conflicto freudiano en el que sus manos parecen dominar a su mente y ese infierno está representado por las sombras angulosas e irreales del expresionismo alemán con algunos destellos de lo que posteriormente será el Kammerspielfilm.

Tras el accidente, la vida de Paul Orlac cambia radicalmente. Sus dificultades para volver a tocar el piano, para triunfar de nuevo en la sociedad, representan así mismo otro concepto freudiano, la imposibilidad de sublimación de los deseos reprimidos, a través del arte.

Las manos de Orlac es, pues, una reflexión sobre el papel del inconsciente, de los deseos y del arte en la sociedad surgida tras el desastre de la Primera Guerra Mundial. Una película que indaga en lo más oscuro de nuestro inconsciente a través de la magnífica actuación de Conrad Veidt quien ya había trabajado con Robert Wiene en El gabinete del doctor Caligari. Veidt encarnó el papel del Cesare, el sonambulista que comete una serie de horrendos crímenes bajo la hipnosis provocada por el doctor Caligari. La sombra expresionista de Freud es, como vemos, muy alargada y angulosa.

* Notas al programa escritas por Ramón Sanjuán para el programa de mano referido a la proyección de la película de Robert Wiene que acompaña él mismo al piano con la música escrita para la ocasión.